Política y Cultura de burdel. El amor esteril

PP y Podemos sodomizan a Madrid con el apoyo de Ciudadanos y PSOE

Orgullo Gay en Madrid  Por Pío Moa.-
Hace tres años escribí este artículo en relación con el PP y las repugnantes carnavaladas del “orgullo gay”. Repugnantes porque hay que estar muy chiflado o algo peor para ensalzar la homosexualidad como motivo de orgullo. Aunque, ya metidos en esa dinámica, podrían reclamarse unas jornadas del orgullo coprófilo, o zoófilo, o prostibulario… por una exigencia de igualdad y no discriminación, y la sociedad “ya está preparada para eso”. También llegarán las jornadas del orgullo pederasta, aunque tendrán que esperar algo más, a que la sociedad esté más “avanzada”.

Pensándolo bien, resulta en verdad alucinante que la política actual –por otra parte tan corrupta– gire en tan gran medida en torno a unas formas sexuales más o menos desviadas, haciendo de asuntos o problemas íntimos que no debieran salir del ámbito privado, el eje de los valores que definen, parece ser, a la UE y a la España “democrática”, de democracia fallida. Pensándolo un poco, deja a uno sin palabras: es la política del burdel, la cultura del burdel.

Esto, en la UE del becerro de oro, donde siempre se expone como argumento decisivo que estas jornadas “dan mucho dinero”. Me comentaba alguien la extraña política de la UE de fomentar la liquidación de vidas humanas inocentes y al mismo tiempo la inmigración. Para la lógica del becerro de oro los niños son elementos improductivos y que durante largos años ocasionan enormes gastos, mientras que los inmigrantes producen desde el primer momento y con salarios a menudo muy bajos. Económicamente, la cosa está clara: ¡la productividad! Por lo demás, abortismo y homosexismo están estrechamente relacionados, y no solo porque la homosexualidad sea el amor estéril

ORGULLO HOMOFILO

Recientemente alguien de la televisión “La Cuatro” me buscaba para un debate con partidarios de las leyes de género y demás. En otro tiempo habría ido, como he ido a tantos guirigáis televisivos llamados tertulias y debates, hasta que me vetaron en casi todos. Esas cosas no son serias, y menos en televisiones basura como son la mayoría, incluida la Cuatro. Antes iba con la idea de que al menos la gente escuchara otras opiniones, pero es un autoengaño. Cualquier opinión razonable se pierde en esta cultura de burdel y falsificación histórica a la que están abonadas esas cadenas. Por otra parte he comprobado en las redes sociales la enorme carga de agresividad, odio realmente feroz que se gasta esa gente, que pretende no solo expresar sus historias, sino imponerlas totalitariamente con amenaza de considerar “delito de odio” discrepar de ellos. El proceso totalitario está en marcha y no hay que tomarlo a broma. Pero, en fin, un debate serio se hace por escrito, no improvisando argumentos frente a un público por lo general ignorante. De modo que si quieren debatir pongo con mucho gusto este medio a su disposición. Es un instrumento humilde en cuanto a audiencia, pero en compensación el debate puede resultar aquí mucho más serio.

Otro punto: observen que Podemos y el PP están juntos en esta cruzada contra la familia, los derechos de los niños, la libertad de expresión y de conciencia. Lo mismo que Ciudadanos y el PSOE. Esta democracia fallida es en realidad un régimen de partido único con muy ligeras variantes entre los cuatro grupos Y he aquí el artículo de hace tres años, por si se animan a rebatir mis puntos de vista, que tampoco pretendo tener la verdad absoluta:

Durante tres o cuatro días, la capital de España se ha convertido en una especie de capital mundial, ruidosamenteo obscena, de la homosexualidad. Tiene que haber supuesto un enorme desembolso, probablemente compensado por la afluencia de turistas: el dinero se ha utilizado como excusa. El PP ha sido el gran promotor del evento que ha sodomizado a la ciudad, en el sentido bastante literal de que la ha convertido en una especie de Sodoma, y en el de que, metafóricamente, “ha dado por el culo” a la población contraria a tales actos, muy propios, a mi juicio, de una sociedad enferma y decadente (véanse los artículos sobre salud/enfermedad social que vengo republicando).

Este fenómeno político-sociológico del PP en estos trances merece un análisis, así como los poderosos recursos que mueven la propaganda homosexualista en todo el mundo. Ya hablaremos de ello, pero ante todo conviene prestar atención a los argumentos con que se justifican los homosexualistas, y sin los cuales todos los recursos financieros no bastarían para cambiar, como han cambiado, la mentalidad de grandes sectores sociales: A) Todas las formas de sexualidad son equivalentes, normales” (básica igualdad). B) Aunque sean iguales, importa el “derecho a la diversidad”. C) Sus actividades como los días del “orgullo”, son derechos humanos. D) Los homosexuales han estado siempre perseguidos, por lo que es hora de liberarlos (victimismo).

Veamos el apartado A): ¿Son igualmente válidas todas las formas de sexualidad? Si la consideramos simple o esencialmente como medios para “pasar un buen rato”, como simple experiencia de placer, está claro que cualquier forma de sexualidad es equivalente, desde la zoofilia o el sadomasoquismo a la pederastia, pues de todas ellas el sujeto obtiene placer. Y de hecho, considerarlo así es una tendencia muy fuerte en la sociedad actual, manifiesta en la literatura, el cine y los comportamientos comunes, evidente también en el homosexualismo.

buen ejemplo homofilio

Pero la sexualidad, aunque no está limitada a la reproducción, se relaciona íntimamente con ella, que es biológicamente su fundamento. De ahí que sea la base de la familia y de relaciones prolongadas, incluso por toda la vida, de la fidelidad y sentimientos que suelen considerarse virtudes, los cuales serían hechos indiferentes sin ese fundamento biológico. Los órganos sexuales masculino y femenino son complementarios, cosa que no ocurre en los homosexuales, quienes están incapacitados para la reproducción y para la familia, salvo en forma de parodia: en los homosexuales suele darse una imitación vana de los papeles masculino y femenino, prueba de su fuerza biológica; su tendencia a la promiscuidad es mucho más fuerte, y su relación inevitablemente estéril. Y su “derecho” a tener hijos de modo no natural, choca con el derecho de los niños a tener un padre y una madre efectivos y no fingidos. El “cariño” que suelen invocar, no sirve. También a las mascotas se les puede tener cariño. Por consiguiente, no son dos formas de sexualidad equivalentes. Una es normal y la otra desviada o aberrada. Solo puede hablarse de equivalencia borrando unos hechos por demás evidentes o negándoles validez.

homófilos anticlericales
HOMÓFILOS ANTICLERICALES

En cuanto al apartado B), ¿existe el derecho a la diversidad? Todo derecho implica diversidad. Una cosa es que lo normal sea la relación sexual prolongada y en principio leal, con familia, etc., y otra que quienes no puedan o no quieran obrar así dejen de tener derechos por ello (dentro de ciertos límites, claro: hoy por hoy la pederastia no entra en la “diversidad” admisible por la mentalidad social, aunque sospecho que los ingenieros de almas la harán “normal” antes de mucho, una vez admitido el principio de la equivalencia). Y no es lo mismo el derecho a una sexualidad particular, siempre que no sea agresiva, que la exhibición obscena y “orgullosa” de una evidente desviación. Siendo la sexualidad un aspecto particularmente íntimo de la vida humana, su exhibición impersonal (la pérdida del pudor, la obscenidad) siempre se ha considerado una perversión. Y, desde luego, si algo destaca en la exhibición, el lenguaje y la argumentación homosexualistas es una agresiva obscenidad, a menudo acompañada de cierta cursilería y hasta pretensiones científicas. El desfile del “orgullo” constituye un grotesco festival de todo ello, y por lo demás he podido comprobarlo en los insultos recibidos en las redes sociales por cuandos osan discrepar del homosexualismo. Digo homosexualista porque muchos homosexuales no se sienten identificados con un movimiento que pretenden representarlos sin pedirles permiso (esta “usurpación de la representación” se ha convertido en una plaga de la política desde que los marxistas se proclamaron “científicamente” representantes del proletariado). Una cosa es el respeto a las personas, y otra que esas personas se conduzcan de modo respetable. Con esto queda comentado también el apartado

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C)El victimismo es quizá la baza más empleada por todo tipo de movimientos demagógicos. Los separatistas lo explotan a conciencia, e igualmente los feministas: “la mujer” habría vidido siempre oprimida, sin derechos, bajo el “machismo” y el “patriarcado”, males a superar imponiendo leyes que, en definitiva, tratan de asfixiar la expresión ajena: se trata de una ideología sexista en extremo, obscena y agresiva como el homosexualismo, obsesionada con el pretendido derecho de la mujer a asesinar vidas humanas en su seno (ello la haría más efectivamente “igual” al varón, claro). Como revela la historia, el victimismo obsesivo suele conducir al totalitarismo.

Y, efectivamente, las formas de sexualidad desviadas siempre han sido motivo de sospecha y de condena, moral o jurídica. Pero, por mucho que se condenaran, eran hechos naturales, imposibles de impedir, como pasa con la prostitución; y en la práctica se convivía con ellos. En el franquismo los homosexuales podían sufrir, teóricamente, la Ley de Vagos y Maleantes (de origen republicano); pero se aplicó a muy pocos, y probablemente por escándalo público, pese a existir en todas las ciudades círculos de homosexuales más o menos discretos, aunque bien conocidos popularmente; y varios personajes relevantes lo eran de modo notorio. Propiamente no había persecución, aunque sí un grado mayor o menor de desdén o escarnio, a menudo injusto, porque entre los homosexuales, como entre quienes no lo son, hay de todo, personas más y menos respetables. Pero la homosexualidad en sí misma creo que nunca podrá ser un motivo de orgullo, como se pretende, por mucho victimismo que se le eche. Es una condición o particular que cada cual debe sobrellevar como tantas otras digamos particularidades, de las que nadie se libra.

Hemos visto algunos argumentos, en realidad sofismas, con que se justifica la política homosexualista. Les guste o no, ni todas las formas de sexualidad son equivalentes, ni la diversidad es un derecho sin límites, ni el victimismo es una buena política. Pero importa insistir en otro argumento también muy empleado y en apariencia convincente: “Si dos adultos del mismo sexo consienten madura y libremente en relacionarse sexualmente, ¿quién podría oponerse, desde un punto de vista democrático?” Obviamente, nadie puede oponerse, y aunque lo hiciera se vería impotente para impedirlo en la gran mayoría de los casos, porque al ser una relación íntima, no tendría testigos. Pero se trata, nuevamente, de un sofisma, parecido al empleado por los farsantes de la memoria histórica cuando preguntan cómo puede alguien estar en contra de que las familias desentierren a sus deudos mal enterrados en la guerra civil. Naturalmente, nadie está en contra. De lo que sí estamos en contra muchos es de que se presente a esos deudos como demócratas asesinados por la barbarie fascista y similares, de que con un argumento sentimental se pretenda falsear radicalmente la historia y recobrar odios antiguos.

Aquí ocurre lo mismo: la homosexualidad, como cualquier otra forma de sexualidad, es un hecho natural, ya que se da en la naturaleza. Pero implica unas limitaciones (la esterilidad, para empezar). El consentimiento de dos o más adultos no hace ninguna de esas formas equivalentes a la sexualidad normal entre hombre y mujer. Por supuesto, hay parejas homosexuales más fieles, responsables y amorosas que muchas heterosexuales (eso tampoco es hoy muy difícil), y la literatura y el cine justificativos nos presentan a menudo la imagen de un “gay” muy respetable y buena persona acosado injustamente por despreciables heterosexuales. Eso se da, claro, pero es más bien la excepción que la regla. El homosexual más típico es el que se exhibe agresiva y obscenamente en los días del “orgullo” o provocando e insultando a personalidades que no piensan como ellos, o tratando de que sus sofismas se impongan legalmente e impidan expresiones distintas (aquí ya no quieren “diversidad”, ni les vale la democracia) so pretexto de “homofobia”. Es este un palabro-policía como el de “antisoviético” en la antigua URSS; un concepto que quieren convertir en fundamento de la ley. Y lo están consiguiendo, gracias a que la mayoría de los políticos –a menudo corruptos e ignorantes– son tan demócratas como ellos. El propio carácter estéril del amor homosexual favorece todo eso.

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POLÍTICOS CIUDADANOS ORGULLOSOS

La obsesión por equiparar la relación homosexual a la normal les lleva a imponerla como “matrimonio”. Esto puede decidirse por ley –por ley se han decidido muchas barbaridades— pero nunca podrá ser igual en la realidad, por mucho que se empeñen los leguleyos. Y para redondear la broma, exigen adoptar niños, porque es “su derecho”. Y claro, si por ley son un matrimonio, por qué no van a tener “hijos” como los demás. Lo justifican con la argucia de que lo que necesita un niño es cariño, y ellos pueden darle tanto o más que cualquier matrimonio real. Pero un homosexual que ame a los niños nunca pretenderá privarles de su derecho más elemental a tener un padre y una madre reales, no un simulacro de ellos, como es un simulacro el reparto de papeles masculino y femenino en la pareja gay. Ninguna ley podrá cambiar el hecho natural de que el padre y la madre tienen papeles y representaciones distintos, necesarios para la maduración de los niños. No puede cambiar el hecho, pero puede imponer una auténtica tiranía sobre las personas. Algunos homosexualistas confiesan abiertamente que su objetivo es destruir la familia, otros lo ocultan, y otros no lo creen ni lo quieren; pero, de forma deliberada o no, el homosexualismo va en esa dirección. Como ha dicho Putin recientemente “No se persigue a los homosexuales, pero a los niños hay que dejarlos en paz”. Y no en otras cosas, pero en eso, al menos, tiene razón.

http://www.alertadigital.com/2017/06/23/pp-y-podemos-sodomizan-a-madrid-con-el-apoyo-de-ciudadanos-y-psoe/

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