Doble rasero del sistema Judicial

Aunque la Constitución diga que todos somos iguales ante la ley, unos son más iguales que otros, parafraseando a Orwell. Parece mentira que políticos comoRodrigo Rato o Jordi Pujol no hayan pisado la cárcel, mientras que hemos visto como una joven sin recursos fue condenada a ir a prisión por gastarse unos cientos de euros con una tarjeta de crédito que se había encontrado en la calle.

Por mucho que a nuestros dirigentes se les llene la boca con la palabra justicia, hay un doble rasero escandaloso de los jueces para medir las acciones de los poderosos y de los que no lo son. Ahí está el ejemplo de Adrián, un sevillano condenado a seis meses de cárcel por robar una bicicleta en 2008. El tribunal ha tenido la merced de aplazar su ingreso en prisión a la espera de que el Gobierno le indulte.

Hay cientos de casos como éstos en la sociedad española, personas que cometieron un desliz en determinado momento y que tienen que pagar por ello un duro castigo que les va a marcar para siempre. Como dice el proverbio latino: ‘dura lex, sed lex’.

Esto contrasta con la benevolencia de la justicia con personas como Jordi Pujol, que, según los abrumadores indicios que ya existen, cobró cientos de millones de euros en comisiones que fueron a parar a paraísos fiscales. Pujol mintió en el Parlamento catalán y luego comprometió su palabra, jurando que jamás había tenido ni un solo euro en cuentas opacas en el exterior. El inexplicable patrimonio de sus hijos le incrimina porque no hay justificación racional alguna de su manejo de cantidades millonarias en grandes negocios en México, Argentina y otros países, como tampoco se puede ignorar el testimonio de que el primogénito llevaba sacos de billetes a un banco de Andorra.

Aunque cuantitativamente menor, el caso de Rato no es menos escandaloso porque es muy poco edificante que un ex ministro de Economía construyera un entramado societario en paraísos fiscales para blanquear capitales y que cobrara comisiones de los contratos de Caja Madrid cuando era presidente, además de defraudar reiteradamente a Hacienda. ¿Qué es más grave: robar una bicicleta o enriquecerse ilegalmente desde el poder y aprovechándose del cargo? Creo que todos sabemos la respuesta, aunque no faltará quien apele a la presunción de inocencia para explicar por qué Pujol y Rato no están en la cárcel. Pues bien, no están porque taparon las huellas de sus actos, disponen de los mejores abogados, se benefician del garantismo del proceso judicial y, sobre todo, porque gozan de la protección política que deriva de las altas responsabilidades que ocuparon. Lo que estoy diciendo no es demagogia, es la pura verdad. Si en este país eres rico o poderoso, tienes muy pocas posibilidades de entrar en la cárcel si cometes un delito. Si eres pobre, estás perdido. La crisis no sólo ha dañado materialmente a amplios sectores de la sociedad, ha servido para mostrar que nuestro sistema judicial es incapaz de castigar los abusos de quienes saquearon las cajas de ahorros y de quienes se enriquecieron mientras se hundían las empresas que gestionaban. También ha quedado claro que ciertos políticos son intocables.

Han fallado muchas cosas a lo largo de estos años, pero lo peor es esta impunidad de la clase dirigente, lo que explica la desafección a los dos grandes partidos y hacia sus líderes, que son los principales responsables de que el poder judicial siga actuando con este doble rasero.

PEDRO G. CUARTANGO

ACTUALIZADO 02/11/201503:03rasero.

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