AVERGONZADOS DE SER ESPAÑOLES

on 2012/6/21 18:06:00 (1464 reads)

AVERGONZADOS DE SER ESPAÑOLES

Escribir estos días en España es abrirse las venas en canal.

Es el PP, jaula de grillos sin cuento, hoy al mando de una señora a la que cuesta trabajo imaginar superando las tradicionalmente difíciles oposiciones a la Abogacía del Estado, y que hoy tiene al partido sumido en un silencio aborregado.

Rajoy es el anti líder por naturaleza, un hombre superado por las circunstancias, es la imagen del administrador competente de la cosa pública para tiempos de paz, tiempos de bonanza, que ahora se encuentra completamente fuera de foco, porque él es el…


Avergonzados de ser españolesJesús Cacho (20-06-2012)

Escribir estos días en España es abrirse las venas en canal. Contemplar en la madrugada de ayer la rueda de prensa de Mariano Rajoy en el fin de fiesta de la cumbre mexicana del G-20 fue lo más parecido a un suplicio para cualquier español en sus cabales. Espectáculo difícilmente descriptible del hombre incapaz de decir dos frases seguidas sin consultar sus notas, sin mirar la chuleta, inseguro, impreciso, titubeante. La viva imagen de un Neville Chamberlain redivivo, dispuesto a vender a los españoles desde el Munich de Los Llanos la inexistente victoria de unos acuerdos de paz con la canciller alemana, una Angela Merkel que se ha negado en redondo a dar su brazo a torcer y que se ha mostrado inflexible con un Gobierno que, desde la óptica germana, simplemente no solo se muestra renuente a cumplir con su deber, a hacer los deberes, sino muy dispuesto a traicionar la palabra dada, a decir digo donde dijo Diego.

Rajoy es el hombre superado por las circunstancias, es la imagen del administrador competente de la cosa pública para tiempos de paz, tiempos de bonanza, que ahora se encuentra completamente fuera de foco, porque él es el anti líder por naturaleza. Una desgracia para España. Otra más, recordatorio del fracaso de nuestra clase dirigente a lo largo de la sediciente democracia. Las desdichas empezaron con aquel Felipe González cuyo largo mandato acabó en un interminable rosario de escándalos; que siguió con un José María Aznar que, con mayoría absoluta, enloqueció en los últimos años de su segunda legislatura; que prosiguió con un Zapatero convertido en auténtico Atila para los intereses de España y los españoles, y que lleva camino de culminar con un Rajoy del que, amigos o enemigos, esperaban infinitamente más en términos de templanza, coherencia y, sobre todo, eficacia.

Todo se ha venido abajo al mismo tiempo. Todo el edificio constitucional se tambalea como un castillo de naipes a punto de derrumbarse. Es el caso de Su Majestad el Rey que, con su elefante a cuestas, se escapa a Arabia Saudí para no tener que hacerse la foto con el pío presidente del Supremo y del CGPJ cogido in fraganti gastando la pasta del erario en su asueto personal marbellí; es la gran banca que, en unión de Telefónica, corre en auxilio del primer grupo de comunicación del país –al parecer en el despacho de Soraya Sáenz de Santamaría– para evitar su ruina, porque este es un sistema de socorros mutuos, en el que los protagonistas y beneficios de la transición están para protegerse y ayudarse mutuamente. Son los partidos mayoritarios, convertidos en ollas a presión. Lo publica hoy este diario (Federico Castaño): José Blanco se enfrenta a Rubalcaba porque cree que el líder del PSOE no está defendiendo las aspiraciones de su protegido Conde-Pumpido para ocupar plaza en el Constitucional. Y ¿por qué el interés de Pepiño? Porque barrunta que su “caso Campeón” acabará en tales predios, y sabe que del TC es fácil salir bien librado (preguntar por Albertos, Botín y otros) si se tienen allí agarraderas bastantes.

Es el PP, jaula de grillos sin cuento, hoy al mando de una señora a la que cuesta trabajo imaginar superando las tradicionalmente difíciles oposiciones a la Abogacía del Estado, y que hoy tiene al partido sumido en un silencio aborregado. Es el Gobierno, para qué contarles, y los prohombres del Gobierno y del partido, caso de Ruiz-Gallardón, caso de Arias Cañete y tantos otros, agazapados, escondidos en plena tormenta mientras la nave amenaza con irse contra las rocas de la intervención. Es la corrupción que todo lo inunda. Y no me refiero tanto a la corrupción dineraria, que también, sino a esa otra quizá más dañina en términos de moral pública que reviste la forma del silencio cómplice, de la violación sistemática de la ley, del incumplimiento de las obligaciones inherentes al cargo con grave perjuicio para la colectividad (caso de Fernández Ordóñez y la dramática situación de la banca española); es la corrupción de la cobardía, del miedo a denunciar; la corrupción del compadreo, del hoy por ti mañana por mí.

http://vozpopuli.com/blogs/1045-jesus-cacho-avergonzados-de-ser-espanoles

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