Soraya tiene miedo a la competencia

2008/5/21 18:00:00 (1003 reads)

Un rosal para RosaUn rosal para Rosa

Por miedo a la competencia el PP impide que Rosa Díez tenga voz propia en los plenos del Congreso

Soraya Sáenz de Santamaría ha tumbado la petición formulada por Rosa Díez en la Junta de Portavoces.

Algo está haciendo bien el PP. Ha prohijado un rosal que crecía silvestre y sin explicación lógica alguna: nacido entre pedregales, olvidado de aguadores y despreciado por los más influyentes jardineros…

El PP impide que Rosa Díez tenga voz propia en los plenos del CongresoLa oposición del Grupo Parlamentario Popular que dirige Soraya Sáenz de Santamaría ha tumbado la petición formulada por Rosa Díez en la Junta de Portavoces para que en los debates plenarios puedan intervenir los cuatro partidos que conforman este grupo (CC, BNG, Na Bai y UPyD) distribuyendo su tiempo equitativamente, como se hacía en la pasada legislatura sin que el PP se opusiese. Dice el PP que no tiene animadversión hacia Rosa Díez sino que defiende el Reglamento del Congreso.

Fuentes del grupo popular han explicado a Efe que su negativa no obedece a ningún tipo de “animadversión” hacia Rosa Díez o las otras tres fuerzas políticas del Mixto, sino a la necesidad de respetar el Reglamento del Congreso y a que los tiempos de intervención en el pleno se adecúen a la representación proporcional de los grupos.

El artículo 75 del Reglamento establece en un máximo de tres los diputados del grupo Mixto que podrán intervenir en los debates, y el grupo popular entiende que la solicitud formulada en la Junta por Rosa Díez supondría una vulneración de esta norma.

Sin embargo, la diputada de UPyD ha apuntado a Efe que su petición, formulada en nombre de todo el grupo Mixto, se basa en el “sentido común”, por cuanto debería permitirse hablar con voz propia a todos los partidos que lo componen, tal y como ocurrió en la pasada legislatura.
http://www.libertaddigital.com/noticias/kw/diez/rosa_diez/soraya/kw/noticia_1276330802.html


Un rosal para Rosa

Serafín Fanjul


Mariano Rajoy está demostrando no ser el mejor labrador del mundo: a fuer de cauto –o perezoso, vaya usted a saber– deja que se le pasen los tiempos de siembra, poda las ramas que no debe y descocota cuando pasó la sazón. Por añadidura, se rodea de braceros y veraneros que sólo vienen a eso, a hacer el verano, y renuncia y execra a los cultivos de rendimiento probado para meterse a cuidar berenjenales, topillos y plagas repelentes.


Cuando impetra agua del cielo sólo consigue atraer todo el pedrisco del mundo; se deja arrullar por las serenatas de los gañanes y ganapanes de Prisa, que trabajan a destajo para el vecino enemigo y tratan de arruinarlo hasta las cachas y echarlo del pueblo, aunque de momento la lisonja sea grata; y, para rematar la faena, maniata y amenaza a los miembros de su familia que intentan auxiliarle, pero se niegan a firmarle avales en barbecho, conscientes de que el agostamiento de su finca no es desastre en exclusiva de tan altivo terrateniente: si las norias se atascan, el ganado muere y los arriates y marjales sólo producen yerbajos, el hambre la van a pasar todos. La vamos a pasar todos, para ser exactos. Pero él se tapa los oídos, exhibe su título de propiedad, blasona de llamarse Fray Gerundio –añadan ustedes el alias– y asegura que sus primos de Campazas –todos– le aplauden sin tregua. Enhorabuena.
Pero algo está haciendo bien. Ha prohijado un rosal que crecía silvestre y sin explicación lógica alguna: nacido entre pedregales, olvidado de aguadores y despreciado por los más influyentes jardineros. Mas ahí está Mariano-Gerundio presto a hipotecar sus tierras, a licenciar a los pastores fieles que ni salario pretenden y a traer el agua, incluso a lomos de burra, para regar su amado rosal. Con primor y con mimo se desvive para lograr que las espinas pinchen a los suyos y la cosecha de rosas crezca y crezca en multiplicación bíblica; todo sea por el rosal de Rosa, como ya habrá adivinado el muy sagaz lector de Libertad Digital. No todas las flores estarán convencidas, ni pintarán del mismo tono (del rojo fuerte de pasión a los blancos más desvaídos), ni faltarán los injertos, ni su frescor y aroma durarán lo mismo, pero brotarán, en temporada continua y creciente, dentro del rosal de Rosa quien, sin tijeras ni tranchete, pañará las flores del regalo. Mariano-Gerundio y sus mayordomos suspirarán felices por el gustoso deber cumplido. Rosa sonríe. El rapaz vecino de enfrente sonríe mucho más.

Un rosal para Rosa

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